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martes, 2 de abril de 2024

APRÈS L´AMOUR, la Fragancia Letal

 

El argumento de esta fragancia se inspira en la piel humana, en los olores transpirados después del acto amoroso en piel contra piel. Dicen que es evocador, sensual y adictivo.


Y podemos acreditarlo, después de haberla usado varios días, su duración en piel y estela son enormes, con sólo explayarnos un par de atomizaciones sus efectos pueden llegar a ser nucleares. Una estela que se estira  más allá de los tres metros, aunque en ningún momento sea agresiva ni molesta, ya que su aroma nos hace evocar el dulzor de un algodón de azúcar tostado ligeramente ahumado. 



De salida la fragancia tiene un golpe cítrico, donde el limón y flor de azahar de naranjo amargo confluyen, provocando sensaciones chispeantes y luminosas para dar paso a las notas de corazón basadas en maderas especiadas, para concluir con las notas de fondo: almizcle y ámbar gris.

Après l´Amour se lanzó en 2018 y su creador es un músico que cambió las partituras por las notas aromáticas: Thomas Kosmala. Thomas había realizado estudios de química y aunque la música era su querencia, optó por componer deliciosas armonías en forma de perfumes. Y de una larga serie de perfumes con su nombre, destaca este número 4, el cuál le ha otorgado el prestigio como uno de los mejores perfumístas actuales. 


Thomas Kosmala (foto ThomasKosmala web)


Etiquetada como "Unisex", puede ser utilizada por ambos géneros, aunque hemos de ponderar que no es apta para personas discretas, aquellos que prefieren pasar inadvertidos, ya que su potencia aromática trasciende y provocará sensaciones de alto rango a nuestro alrededor. ¡Ideál para quienes desean marcar terreno! También para los que optan por retos olfativos. En la lejanía nos puede recordar a Baccarat Rouge 540, aunque Après l´ Amour sale ganando en duración y estela. Sin duda, un perfume que no dejará indiferente a nadie, así es "Después del Amor".



Por estar considerada como fragancia calidad "nicho", su precio oscila entre 100 y 150 euros, según vendedor. El contenido es de 100 ml, pero es seguro que esa cantidad dará para muchos años, ya que su uso debe ser restringido debido a su potencial aromático. Après l´Amour nos puede durar una eternidad, incluso más allá del amor...

Texto y fotos de Giovanni R.Tortosa




sábado, 6 de enero de 2024

PLACERES PARISINOS

             


                                                                                                                                                          Me decía mi acompañante que "Chez Denise" era uno de los restaurantes de mayor raigambre en París. La decoración del local no tiene desperdício y su carta acoge los platos de cocina casera de la ciudad; nada que ver con la nouvel cussine, aunque tenga algunos toques de ésta.




Otra de las rarezas que conviven en este bistró clásico entre los más clásicos es que cierra a eso de las cinco de la madrugada, por lo que la nocturnidad y vampiros a granel pueden darse algún que otro placer culinario antes de la llegada del alba.

Interior de Chez Denise


Podríamos destacar de su extensa carta un "foie casero"que ni por asomo tendría rival. La célebre "caussolet", -esa especie de fabada francesa-, tiene otro punto altísimo. No pidas marcas de vino, ya que allí se estila que te sirvan cualquiera de los caldos caseros. De los postres sobran comentarios, y para presidir este reportaje ya pusimos esa imagen de flan sobre uno de los platillos marca de la casa, y que es todo un poema, aparte del aterciopelado sabor que te deja directamente noqueado.

La ración de mantequilla no pude faltar en toda mesa francesa.


El precio medio de todo este festín puede rondar entre los 20 y 25 euros por comensal, que para estar en París no nos parece nada caro. Chez Denise se halla en la zona de Les Halles, en el 5 Rue des Prouvaries.




El segundo templo gastronómico del que hacemos mención, es otro de los históricos parisinos: "La Coupole-Brasserie", situado en el 102 de la avenida de Montparnase. Calidades aparte, este local debe su enorme fama y prestigio por haber sido epicentro artístico de tertúlias, cenas y exposiciones de escritores, intelectuales y gentes de la bohemia. Jean Cocteau, Braque, André Malraux, Marc Chagall, Hemingway que estaba en todos los saraos o la venerable Édith Piaf dejaron su impronta en la atmósfera sobrecargada de espiritualidad y alcohol del lugar.





Al ver las ostras de Arcachón nuestros sentidos se abrieron a la par, como el narcisismo delirante que aflora en el turista de la Moncloa.



 Un plato de rape y marisco diverso con fondo y salsa de chorizos picantes nos puso al borde del éxtasis absoluto. ¡Y un detalle que no pasó por alto!; nos sirvieron una especie de "cucuruchos" de papel con unas patatas fritas realmente antológicas, ya que no se trataba de las consabidas patatas congeladas que se sirven como complemento en el 99 por ciento de locales. Éstas eran crujientes, finas y de una textura singular.

Unas patatas fritas excelentes.


En Coupole también desayunamos, y ahí dejamos algunas muestras de sus quintaesenciadas elaboraciones.












Desayunar, comer o cenar en cualquiera de estos lugares no sólo significa comer bien, también es adentrarse en ambientes y atmósferas de casi ensueño, ya que la decoración e iluminación de los mismos es excelente, y decimos esto porque sabemos de tantos locales españoles que pareciera que estamos en un tanatorio o un quirófano por ser más suaves.  Es un fenómeno psicológico que se suele dar en países con mucha luz solar como España. Las iluminaciones a base de fría luz blanca de neón se contrapone con las iluminaciones de interiores en países con menor incidencia lumínica y donde consiguen mayor calidez en sus restaurantes y bares.

La calidez de una iluminación ajustada.


Y no solo valoramos restaurantes, nos adentramos en comercios como la sombrerería de Michel, también en la zona de Les Hayes. 




Pero, ¿y quien encarga unos zapatos de vestir, elegantes hasta decir basta? Pues sí, en un mundo donde todo el personal camina con zapatillas deportivas, París, que es la ciudad de la elegancia te puedes hacer por encargo joyas como estas:




El costumbrismo parisino es inconmensurable, la gracia de algunos locales, de sus puertas o fachadas, del ambiente de sus terrazas; incluso si me apuran hasta del transitar de sus vehículos. Al iguál que Cádiz tiene esa gracia única e incomparable, París tiene un halo de misterio y pasión que hacen de ésta ciudad todo un icono universal.



Texto y fotos de giovanni R.Tortosa.

sábado, 18 de noviembre de 2023

DÍAS OTOÑALES EN PARÍS

 

La Petit Péigourdine, un local con mucho encanto.


Solemos asociar París con el otoño, quizás por el aire melancólico que envuelve su atmósfera otorgándole mayor carga de romanticísmo. Así es; uno no puede desligar esa sensación en la llamada "ciudad de la luz", y aprovechando resolver cuestiones profesionales nos hemos dejado empapar del lirísmo envolvente de esta ciudad única.


Unos días de puro hedonísmo, de querer atrapar todos los placeres que nos ofrece dicho lugar, ya sean espirituales como puramente físicos.


El legendario Maxim´s.

Allí nos esperaba nuestra anfitriona: una amante del arte en todas sus vertientes, que además posee un talento singular, habiendo pisado escenarios de medio mundo junto a su violín. Ella acompaña desde hace más de veinte años a una de las legendarias figuras de la música romántica. Todo un icono que ha deleítado a varias generaciones con sus melodías y letras.

Las maravillosas ostras de Arcachón.

A excepción de los locales de comida rápida de corte turístico, en París es complicado encontrar un mal restaurante. En general tienen una calidad media alta, incluso en los llamados "bistrós". Por algo la cocina francesa ha dejado tantos regueros de literatura y raro es que un reputado cocinero de cualquier lugar del mundo no haya recalado en esta ciudad para su aprendizaje.


Comer unas ostras de Arcachón no tiene parangón con nada. Son con diferencia las mejores ostras del planeta. Y si encima las tomas en un local fantástico como Les Antiquaires la cosa toma formas de una verdadera catarsis emocional.


Unas "gambas grillets" con toda su salsa aromatizante te deja el paladar como adormecido por el placer. Y si encima rematas la situación con un té "Casablanca" con perfume de bergamota y menta, las sensaciones espirituales te ponen a los pies de san Juan de La Cruz como mínimo.



Degustaciones culinarias aparte, también hubo tiempo para visitar excepcionales locales como Sephora en Les Champs-Elysées. Es probablemente el mayor comercio de perfumes del planeta.


Fachada imponente de la macro perfumería.

Cualquier amante de los perfumes o maquillajes puede sucumbir en la densa atmósfera que emana este enorme local. Aromas de vainilla, cítricos, herbáceos, frutales, acuáticos, amaderados, cueros, tabacos, sándalos, ahumados, pachulí, resinas, inciensos, y un enorme etcétera flotan en el ambiente.


Los enmoquetados suelos rojos presiden el templo del perfume.


A modo de pequeñas capillas y altares, las grandes marcas perfumístas tienen sus espacios en este grán marasmo de los sentidos. La fragancia más estrambótica y exótica que busques la encontrarás ahí, porque de lo contrario no existe. Nosotros nos hicimos con un lote de la casa Armaf, que ofrecen unas esencias oscuras y de intensa proyección, tanto de salida como en su secado. Una de ellas está denominada como la "bestia negra" por su potencia y calado.



Estar en París y no visitar el mítico café "Flore" es como no recalar en el barrio de La Boca estando en Buenos Aires. 


Y encontrar mesa allí es toda una proeza. Tuvimos suerte, ya que una pareja de japoneses abandonaban la suya y pudimos aposentarnos. 


 



Pasear por el barrio de Trocadéro, uno de mis preferidos, es siempre apasionante, por la variedad y calidad de comercios que puedes encontrar. En una de sus cafeterías le metimos mano a este pantagruélico desayuno, su nombre en la carta es: Sexy Benny Egg, o "huevos benedictínos con salmón y aguacate"; -tál y como se subtitula en dicha carta.


Existen ciudades enormes que apenas te aportan curiosidad, sólo tienen una enorme carga de elementos, la mayoría de escaso interés; sin embargo París te seduce en sus aspectos cuasi minimalístas, en detalles que van surgiendo en edificios, puertas, ventanas, jardínes. Por ello, París no se ve, se siente como un aroma, como una mirada del ser amado.

Un delicioso postre con formas vaginales.


 



jueves, 25 de abril de 2019

PARÍS-VENEZIA-SANTORINI-TIERRA DE BARROS


                              
                                        
La insólita y romántica isla del Egeo: Santorini.
        Estaba varios años con las maletas internacionales arrumbadas, sin hacer acopio de ellas. Sólo algún que otro viaje de corto recorrido, a lo sumo mil kilómetros, que conforman la distancia entre los mares alicantinos y la maravillosa dehesa extremeña, Madrid o Barcelona. Los "locos años" donde encarnaba el papel de marchand, me hicieron estar de acá para allá y devorar las enormes distancias para poder cotejar un determinado cuadro, gestionar una operación de venta o pujar en tal o cuál subasta de una indeterminada ciudad europea.
 
Rue Mouffetard. París

      Ya era hora de salir de la cueva, y buscar aires que le renueven a uno. 

La zona de Montparnasse en París
  
       


Montmartre, siempre con su ambiente colorista.
 

        Necesitaba volver a París, sentir el aire brumoso de Montmartre; charlar con los pintores que se dan cita en la Place du Tertre,  perderme en los Champs Elyses, recorrer el barrio de Trocadero, visitar el hotel "Doudrot", célebre por sus subastas de arte, y donde tantas veces estuve. En realidad, toda mi programación se centraba en imbuirme de la atmósfera de una ciudad que tiene todos los parámetros para provocar los sueños con mayor carga de romanticismo por metro cuadrado. 
 
El "Plaza Athénée", mi hotel predilecto en París.


          La "Serenísima" vendría después; parece que no tuve bastante con París y escogí las emblemáticas fechas de carnaval para retornar a la ciudad de pura fantasía como lo es Venezia. Un lugar recóndito para uno, escenario que tantas veces me sirvió para pintar su decadente belleza y sentir la literatura que traspasa los muros de las piedras enmohecidas de sus canales.  Pero, al igual que a las mujeres jamás se les puede decir la verdad, -salvo que se esté enamorado-, de Venezia tampoco podemos describir su decrepitud de siglos al "baño María"; siempre ponderamos su belleza singular, como las nieblas que maquillan cada amanecer las cúpulas de Santa María della Salute o la isla de San Giorgio Maggiore.  

La serenidad de los canales, inundados de luz y la vegetación siempre presente en algunas terrazas y balcones.

     Contraté un pequeño apartamento en el campo (plaza) di Santo Stéfano, que siendo muy céntrico resulta mejor solución que un hotel. Y aunque mis preferencias venecianas están en Cannaregio o Santa Croce, barrios un poco alejados del corazón de la ciudad, prefiero alojarme en los aledaños de San Marco, ya que siendo días de carnaval el ambiente más abigarrado se sitúa en Piazza San Marco y alrededores. Con el fin de fotografiar amaneceres desde Rialto o el puente dell´ Accademia, estar alojado en Santo Stéfano me venía estupendamente.
 
Campo Santo Stéfano, en una imagen nocturna.

     Luego, conviene perderse por sus estrechas callejas, callejones diminutos y estrechos, subir y bajar puentes en cualquiera de los "sestiere" (barrios). Es una manera divertida para apreciar los pequeños detalles que atesora la mágica Venezia. De vez en cuando, aparcar en una taberna local y tomar un "cichétto"; -que es una tapa o pincho pero a la veneciana. Suelo acompañarlos con una copa de vino "ombra", (un vino blanco local, que solía colocarse siempre a la sombra, de ahí viene su nombre). 
El posado melancólico de las "mascherine".
       Locales como "trattorias" o "tabernas" las encontraremos por decenas en cada "sestiere" o barrio. Ahora bien, yo soy partidario de aquellos locales mas lejanos del centro.  Me gusta Cannaregio con sus tabernas donde los venecianos son habituales y apenas encontraremos turistas. La zona de Santa Croce es estupenda para los menesteres culinarios. Precisamente en calle Larga, próximo al "ponte del Giggio" queda uno de mis restaurantes o trattorias favoritas: "Al Ponte". Ideal para probar recetas locales donde el pescado de la laguna, crustáceos, mariscos o pulpo son elementos protagonistas. Si os va la cosa vegetariana, a pocos metros y cruzando el puente se encuentra trattoria "La Zucca", de una calidad excelsa y buen servicio.
 
Trattoria "Al Ponte" en calle Larga, un lugar pleno de gran estética y con platos de la cocina local.

Con el carnaval veneciano no terminaron mis peripecias viajeras, y aunque el siguiente viaje se dilatara algunos meses, allá por septiembre el desembarco fue en Atenas, para desde allí tomar un ferry vía Santorini, esa isla incomparable, misteriosa y plena de magia mediterránea. Ya conocía este enclave, y había pintado muchos cuadros con retazos de su paisaje tan repleto de blancos y azules. Pero, siempre es benéfico para el espíritu reencontrarse con lugares así.


   Los atardeceres aquí no tienen parangón,
 vistos desde alguna de las terrazas del lugar, el volcán que todavía late, aunque muy sutil es como un fondo que sirve de "atrezzo" al paisaje de la isla. El vino blanco local llamado "Santa Helena" es muy parecido en color, estructura y sabor a los "finos jerezanos" españoles. Los pescados de la isla son bien elaborados en los restaurantes locales, y merece la pena apostar por ellos. La célebre "mousaká" puede esperar mientras tanto.
 
Cualquier rincón tiene su interés estético.

       Una cena en deliciosa compañía, al aire libre frente al mar Egeo con su volcán en forma de "croissant" es una de las cosas que no os podéis perder, si llegáis a pisar Santorini. Cualquiera de los restaurantes con terrazas son buenos, y además los precios no suelen ser altos ni abusivos. No estamos en Ibiza.
    Las islas Cícladas arrasan con el turismo que visita Grecia. Santorini, Myconos, Hydra, Paros, o Rodas son los destinos de grupos turísticos, viajeros por cuenta propia o aventureros de medio mundo.
 
Las tópicas expresiones turisticas en griego e inglés.

 A excepción de la capital Atenas, la península tiene poco tirón entre los turistas; el personal se decanta por las islas. Cierto es, que el carácter griego es fuerte y a veces un tanto áspero en el trato hacia el turista. Nada que ver con sus vecinos los italianos, mucho más implicados con los visitantes. 

Las casas de la isla están edificadas sobre antiguas cuevas, que datan de la edad minóica.

    Aún así, merece la pena dejarse caer por estos emblemáticos entornos, donde la cultura es tan similar a la española, aunque con matices. Una estancia en cualquiera de sus islas, nos dejará un recuerdo para siempre. Solamente atisbar los tonos violetas del mar Egeo cuando el sol se va escondiendo, merece la pena, y la isla parece flotar teniendo como telón de fondo un volcán histórico que arrasó hace tres mil años a los habitantes de la isla.


   Por tantos placeres que nos aportan las islas griegas, su aquilatada cultura, gastronomía, tradiciones, etc, vienen a ser enclaves no meramente turísticos, también pueden conllevar un aspecto espiritual, casi religioso, por la carga mistérica que aquilatan sus suelos, montañas y playas. Santorini se sitúa sobre una gran masa de lava volcánica, la cuál le confiere un carácter mineral intenso. Las blancas casas contrastan plenamente con esos grises, casi negros de los sedimentos convertidos en piedra; y los azules lapizlázuli de las cúpulas en las iglesias bizantinas ponen el corolario a modo de efectos impresionistas sobre el inmenso lienzo de Santorini. Santa Irene, que esta sería su traducción al español, es una isla que debe ser visitada, al menos una vez en la vida, por todo aquél ser que precise constatar que la belleza existe.


   Y desde Santorini, cuya visita y peregrinación fue allá por septiembre, quedaron imágenes y emociones para preservar durante el crudo invierno. El final de año llegó según el calendario cristiano en diciembre, pero cada uno tiene sus rarezas, y para mí el año se inicia cuando la naturaleza vuelve a brotar y testimonia el ciclo vital, y eso sucede con la floración de los campos, el estallido colorístico que suple la grisura del paisaje; en definitiva es como un retorno a la vida. 
 
La estética del paisaje se funde con la belleza y hermosura de la mujer extremeña.(Foto J.A.Blasco)

    Para tal evento, no hay nada mejor que acercarse a Extremadura, esa tierra que hace temblar de emoción a los que hemos tenido la suerte de adentrarnos en su alma, y brindar con los amigos que allí dejamos ahí siguen, como brindamos en el ayer y como lo haremos siempre. 
 
José Antonio Blasco, un gran amigo y anfitrión.

        Un hombre descendiente de los viejos reinos de Castilla, aunque sus documentos digan que es extremeño nos brindó el mayestático placer de poder disfrutar su mejor querencia: una solariega y noble mansión, rodeada de los mejores vestigios del campo extremeño. Y unas vistas desde los altozanos que colman el espíritu mas sensible y exigente. 

Las notas de un tango afloran con vehemencia, estando junto a Ana Villena.

   Su nombre es José Antonio Blasco, un arquitecto enamorado de su entorno, de los encinares, de los vinos, especialmente blancos, de Hornachos, de tantas cosas. Recibe en su casa, como los nobles de antaño, con la empatía y saber estar de algunos siglos de adiestramiento. Allí compartimos unas horas que no solamente justificaron los kilómetros hechos para llegar, también fueron horas de felicidad en un mundo fuera del mundo, un espacio intimista diseñado para ofrendar los mejores instantes que marcarán la salida de un año viejo y la apertura de otro, con la virginidad que trae consigo las espectativas y sueños por realizar.

María José Aguilar-Venegas, mi amiga antropóloga de cabecera...

    Nuestro adorado anfitrión puso su mejor "misse en scene" para convertir una venerable estancia rural en un paradigma de los sentidos, de conmovernos con un festival gastronómico, donde incluso una paella "al cremat" podría competir con las realizadas en los mejores restaurantes de Alicante. La labor de José Antonio no quedó ahí, aprovechamos el estado primaveral del entorno con sus radiantes rosas de Alejandría, y él nos inmortalizó con su cámara, en unas imágenes indelebles en el recuerdo.