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viernes, 5 de julio de 2024

EXTREMEÑOS ADORABLES

 Desde que recalamos allí, hace más de una década, cada vez que nuestros sentidos nos alarman sobre las tierras extremeñas una sacudida rebosante de endorfinas nos inunda. Será que amamos en secreto esa geografía, especialmente a las gentes que conocimos y que el tiempo arrastró hasta el presente. 


Siendo el décimo aniversario de éste nuestro modesto blog, hemos decidido ofrecer unos premios de carácter simbólico, ya que estos sistemas de comunicación no dan ni para comprar unos chicles. Aunque en el blog hemos tratado una enorme diversidad de temas, desde viajes, visiones sobre el cristianismo, cosas de pintura, gastronomía, música, y así podríamos seguir; sin embargo nuestras querencias tomaron rumbo autonómico y se manifestaron hacia la venerable Extremadura. 


Y algún lector del blog se preguntará que siendo Extremadura tan grande, ¿por donde irán nuestros desvelos cariñosos?, y claro, Hornachos aparece desde el interior de la chistera. Una población no excesivamente grande, con un marcado contraste en la conformación de su arquitectura de ínfulas moríscas. Las diferentes cuestas parecen ascender a un altozano, como si allí morase un olímpo de los dioses. Como teníamos serias dudas acerca de quienes podrían ser premiados hemos recurrido a la inteligencia artificial:


Premio "DELIZIA OSCURA" para Ana Villena Diaz, por su trayectoria hostelera al frente de Castillo de Hornachos, un hotel-casa rural con empaque y reciedumbre. El encanto personal de Ana como anfitriona es delicioso. Su atractivo personal conmueve nuestros conceptos estéticos y nos llevan hasta el renacimiento. Los tonos claros de su piel contrastan con la potente oscuridad de su mirada, envolvente y casi vampírica, que nos envuelve como una fina capa de misterio.


Ana Villena

Premio "JARDINERO DEL AMOR" a José Antonio Blasco, arquitecto municipal de Hornachos. Si su calidad como profesional es más que notoria, su atractivo personal lo supera. Tomar unas copas de vino junto a él es sumergirnos en una atmósfera, donde su "savor-faire" como hombre cosmopolita nos impregna de finezza, cultura y amenidad. Pero, cuando el arquitecto extremeño toma las riendas como anfitrión es cuando resplandece su figura de maneras colosales.

Nuestra amiga Madeleine Thibaut, fotógrafa parisina de modas e interiorismo se expresaba así cuando le mostramos unas imagenes del arquitecto Blasco:


"Es el hombre ideal para sentarse sobre sus piernas y sentir el taladro de sus ojos, saborear esa mirada de caballero altivo en plena tarde invernal frente al fuego de la chimenea. ¡Me encanta su porte sobrio, con ínfulas de conquistador, aunque en el fondo haya sido el hombre de un sólo amor!


José Antonio Blasco

Después de estas sensaciones sólo nos queda brindar por el recién nombrado "Jardinero del Amor".

Y como tercer premio, que viene a denominarse "Après L´Amour", la galardonada es: María José Aguilar Venegas.

María José Aguilar Venegas.


María José es la versión reformulada y actualizada de Lilie Marlench, por su dilatado curriculum vitae, que le ha llevado a surcar diversos continentes y haber sido embajadora "ad libitum" de su tierra. Su figura jamás pasa desapercibida allá por donde sus rítmicos pies pisan. Precisamente, los ritmos le han conferido una sobretasa de sensualidad a su ya de por sí atractiva presencia. "Después del amor" es un premio sobradamente merecido por uno de los más bellos espíritus extremeños.

¡Felicidades a todos los premiados!




jueves, 25 de abril de 2019

PARÍS-VENEZIA-SANTORINI-TIERRA DE BARROS


                              
                                        
La insólita y romántica isla del Egeo: Santorini.
        Estaba varios años con las maletas internacionales arrumbadas, sin hacer acopio de ellas. Sólo algún que otro viaje de corto recorrido, a lo sumo mil kilómetros, que conforman la distancia entre los mares alicantinos y la maravillosa dehesa extremeña, Madrid o Barcelona. Los "locos años" donde encarnaba el papel de marchand, me hicieron estar de acá para allá y devorar las enormes distancias para poder cotejar un determinado cuadro, gestionar una operación de venta o pujar en tal o cuál subasta de una indeterminada ciudad europea.
 
Rue Mouffetard. París

      Ya era hora de salir de la cueva, y buscar aires que le renueven a uno. 

La zona de Montparnasse en París
  
       


Montmartre, siempre con su ambiente colorista.
 

        Necesitaba volver a París, sentir el aire brumoso de Montmartre; charlar con los pintores que se dan cita en la Place du Tertre,  perderme en los Champs Elyses, recorrer el barrio de Trocadero, visitar el hotel "Doudrot", célebre por sus subastas de arte, y donde tantas veces estuve. En realidad, toda mi programación se centraba en imbuirme de la atmósfera de una ciudad que tiene todos los parámetros para provocar los sueños con mayor carga de romanticismo por metro cuadrado. 
 
El "Plaza Athénée", mi hotel predilecto en París.


          La "Serenísima" vendría después; parece que no tuve bastante con París y escogí las emblemáticas fechas de carnaval para retornar a la ciudad de pura fantasía como lo es Venezia. Un lugar recóndito para uno, escenario que tantas veces me sirvió para pintar su decadente belleza y sentir la literatura que traspasa los muros de las piedras enmohecidas de sus canales.  Pero, al igual que a las mujeres jamás se les puede decir la verdad, -salvo que se esté enamorado-, de Venezia tampoco podemos describir su decrepitud de siglos al "baño María"; siempre ponderamos su belleza singular, como las nieblas que maquillan cada amanecer las cúpulas de Santa María della Salute o la isla de San Giorgio Maggiore.  

La serenidad de los canales, inundados de luz y la vegetación siempre presente en algunas terrazas y balcones.

     Contraté un pequeño apartamento en el campo (plaza) di Santo Stéfano, que siendo muy céntrico resulta mejor solución que un hotel. Y aunque mis preferencias venecianas están en Cannaregio o Santa Croce, barrios un poco alejados del corazón de la ciudad, prefiero alojarme en los aledaños de San Marco, ya que siendo días de carnaval el ambiente más abigarrado se sitúa en Piazza San Marco y alrededores. Con el fin de fotografiar amaneceres desde Rialto o el puente dell´ Accademia, estar alojado en Santo Stéfano me venía estupendamente.
 
Campo Santo Stéfano, en una imagen nocturna.

     Luego, conviene perderse por sus estrechas callejas, callejones diminutos y estrechos, subir y bajar puentes en cualquiera de los "sestiere" (barrios). Es una manera divertida para apreciar los pequeños detalles que atesora la mágica Venezia. De vez en cuando, aparcar en una taberna local y tomar un "cichétto"; -que es una tapa o pincho pero a la veneciana. Suelo acompañarlos con una copa de vino "ombra", (un vino blanco local, que solía colocarse siempre a la sombra, de ahí viene su nombre). 
El posado melancólico de las "mascherine".
       Locales como "trattorias" o "tabernas" las encontraremos por decenas en cada "sestiere" o barrio. Ahora bien, yo soy partidario de aquellos locales mas lejanos del centro.  Me gusta Cannaregio con sus tabernas donde los venecianos son habituales y apenas encontraremos turistas. La zona de Santa Croce es estupenda para los menesteres culinarios. Precisamente en calle Larga, próximo al "ponte del Giggio" queda uno de mis restaurantes o trattorias favoritas: "Al Ponte". Ideal para probar recetas locales donde el pescado de la laguna, crustáceos, mariscos o pulpo son elementos protagonistas. Si os va la cosa vegetariana, a pocos metros y cruzando el puente se encuentra trattoria "La Zucca", de una calidad excelsa y buen servicio.
 
Trattoria "Al Ponte" en calle Larga, un lugar pleno de gran estética y con platos de la cocina local.

Con el carnaval veneciano no terminaron mis peripecias viajeras, y aunque el siguiente viaje se dilatara algunos meses, allá por septiembre el desembarco fue en Atenas, para desde allí tomar un ferry vía Santorini, esa isla incomparable, misteriosa y plena de magia mediterránea. Ya conocía este enclave, y había pintado muchos cuadros con retazos de su paisaje tan repleto de blancos y azules. Pero, siempre es benéfico para el espíritu reencontrarse con lugares así.


   Los atardeceres aquí no tienen parangón,
 vistos desde alguna de las terrazas del lugar, el volcán que todavía late, aunque muy sutil es como un fondo que sirve de "atrezzo" al paisaje de la isla. El vino blanco local llamado "Santa Helena" es muy parecido en color, estructura y sabor a los "finos jerezanos" españoles. Los pescados de la isla son bien elaborados en los restaurantes locales, y merece la pena apostar por ellos. La célebre "mousaká" puede esperar mientras tanto.
 
Cualquier rincón tiene su interés estético.

       Una cena en deliciosa compañía, al aire libre frente al mar Egeo con su volcán en forma de "croissant" es una de las cosas que no os podéis perder, si llegáis a pisar Santorini. Cualquiera de los restaurantes con terrazas son buenos, y además los precios no suelen ser altos ni abusivos. No estamos en Ibiza.
    Las islas Cícladas arrasan con el turismo que visita Grecia. Santorini, Myconos, Hydra, Paros, o Rodas son los destinos de grupos turísticos, viajeros por cuenta propia o aventureros de medio mundo.
 
Las tópicas expresiones turisticas en griego e inglés.

 A excepción de la capital Atenas, la península tiene poco tirón entre los turistas; el personal se decanta por las islas. Cierto es, que el carácter griego es fuerte y a veces un tanto áspero en el trato hacia el turista. Nada que ver con sus vecinos los italianos, mucho más implicados con los visitantes. 

Las casas de la isla están edificadas sobre antiguas cuevas, que datan de la edad minóica.

    Aún así, merece la pena dejarse caer por estos emblemáticos entornos, donde la cultura es tan similar a la española, aunque con matices. Una estancia en cualquiera de sus islas, nos dejará un recuerdo para siempre. Solamente atisbar los tonos violetas del mar Egeo cuando el sol se va escondiendo, merece la pena, y la isla parece flotar teniendo como telón de fondo un volcán histórico que arrasó hace tres mil años a los habitantes de la isla.


   Por tantos placeres que nos aportan las islas griegas, su aquilatada cultura, gastronomía, tradiciones, etc, vienen a ser enclaves no meramente turísticos, también pueden conllevar un aspecto espiritual, casi religioso, por la carga mistérica que aquilatan sus suelos, montañas y playas. Santorini se sitúa sobre una gran masa de lava volcánica, la cuál le confiere un carácter mineral intenso. Las blancas casas contrastan plenamente con esos grises, casi negros de los sedimentos convertidos en piedra; y los azules lapizlázuli de las cúpulas en las iglesias bizantinas ponen el corolario a modo de efectos impresionistas sobre el inmenso lienzo de Santorini. Santa Irene, que esta sería su traducción al español, es una isla que debe ser visitada, al menos una vez en la vida, por todo aquél ser que precise constatar que la belleza existe.


   Y desde Santorini, cuya visita y peregrinación fue allá por septiembre, quedaron imágenes y emociones para preservar durante el crudo invierno. El final de año llegó según el calendario cristiano en diciembre, pero cada uno tiene sus rarezas, y para mí el año se inicia cuando la naturaleza vuelve a brotar y testimonia el ciclo vital, y eso sucede con la floración de los campos, el estallido colorístico que suple la grisura del paisaje; en definitiva es como un retorno a la vida. 
 
La estética del paisaje se funde con la belleza y hermosura de la mujer extremeña.(Foto J.A.Blasco)

    Para tal evento, no hay nada mejor que acercarse a Extremadura, esa tierra que hace temblar de emoción a los que hemos tenido la suerte de adentrarnos en su alma, y brindar con los amigos que allí dejamos ahí siguen, como brindamos en el ayer y como lo haremos siempre. 
 
José Antonio Blasco, un gran amigo y anfitrión.

        Un hombre descendiente de los viejos reinos de Castilla, aunque sus documentos digan que es extremeño nos brindó el mayestático placer de poder disfrutar su mejor querencia: una solariega y noble mansión, rodeada de los mejores vestigios del campo extremeño. Y unas vistas desde los altozanos que colman el espíritu mas sensible y exigente. 

Las notas de un tango afloran con vehemencia, estando junto a Ana Villena.

   Su nombre es José Antonio Blasco, un arquitecto enamorado de su entorno, de los encinares, de los vinos, especialmente blancos, de Hornachos, de tantas cosas. Recibe en su casa, como los nobles de antaño, con la empatía y saber estar de algunos siglos de adiestramiento. Allí compartimos unas horas que no solamente justificaron los kilómetros hechos para llegar, también fueron horas de felicidad en un mundo fuera del mundo, un espacio intimista diseñado para ofrendar los mejores instantes que marcarán la salida de un año viejo y la apertura de otro, con la virginidad que trae consigo las espectativas y sueños por realizar.

María José Aguilar-Venegas, mi amiga antropóloga de cabecera...

    Nuestro adorado anfitrión puso su mejor "misse en scene" para convertir una venerable estancia rural en un paradigma de los sentidos, de conmovernos con un festival gastronómico, donde incluso una paella "al cremat" podría competir con las realizadas en los mejores restaurantes de Alicante. La labor de José Antonio no quedó ahí, aprovechamos el estado primaveral del entorno con sus radiantes rosas de Alejandría, y él nos inmortalizó con su cámara, en unas imágenes indelebles en el recuerdo.
          

  


 

   


     
                               

jueves, 20 de diciembre de 2018

PACO SANTOS GUMERSINDO

 
Paco Santos Gumersindo Aguilar Venegas.

  Hoy no toca hablar del catedrático Antonio Piñero, ni del historiador judío Mario Saban, ni de los exquisitos arpegios salidos del violín de Fanny Rome en cualquier escenario del planeta; hoy dedico este espacio acerca de mis amigos artistas a un hombre que no tuvo reconocimientos por su humilde quehacer artístico. Paco sería un hombre más, un ciudadano cuyo rastro se evapora en la atmósfera de una gran ciudad como podría ser Madrid. 
   Su imagen, siempre evocó en mí algunas peculiaridades del mundo cretense; -Paco ostentaba un bigote potente, un mostacho al estilo de los hombres de Creta. Un bigote que para estos griegos significaba el símbolo de luto por aquellos que perdieron su vida en el último enfrentamiento que estos tuvieron con los turcos. Pero él había nacido en un pequeño y encantador pueblo extremeño: Hornachos, allí transcurrió su infancia para después emprender el exilio obligado de la gran parte del mundo extremeño. 
   No soy quien para dilucidar si Paco fue feliz en Madrid, pero cierto es que sus raíces pacenses siempre navegaron en su corazón. Un trabajador que sacaba tiempo del tiempo para dedicarlo a la artesania. Puede que su acercamiento al arte, a un arte peculiar que consistía en dar vida a la madera, para crear pequeñas aves, pajaritos a los que sólo les faltaba volar. Eran verdaderos prodigios, pequeños retazos de sueño que quizás tranquilizaban su espíritu creativo.
     Sus rasgos no mentían, eran acendrados, diría que potentes a primera vista, aunque después se tornasen mas suaves, como la mirada casi líquida, delicuescente, entre matices grises y azules de atardecer. Detrás de su mirada se intuía a un soñador, y porqué no? un mucho de melancolía que salpicaba todo su rostro. Creo que Paco era un solitario, puede que incomprendido, un hombre marginal; pero eso lo son todos aquellos que juegan a construir un mundo mas noble y positivo, los que sublimizan su entorno, el paisaje natural así como el humano para transformarlo en arte.
     Su personalidad siempre me regaló paz y sosiego. Lo mismo que sus minúsculas obras, miniaturas ensartadas de anhelos que su creador hacía patentes de manera tan sutil, tan delicada. Porque Paco era persona de no hacer ruidos, de pasar de puntillas, de ser un hombre con la reciedumbre del mundo antiguo, sin subterfugios, donde habitan el blanco y negro, los contrastes definidos, donde no hay lugar para las ambiguedades. Siento su marcha como algo que volatiliza mis esquemas, y también porque un singular eslabón de mi amada tierra extremeña se rompe, y cuando se quiere con pasión de irredento enamorado ese espacio sagrado, los reveses se tornan imposibles de digerir. 
      Los sortilegios y el devenir de la propia vida hizo que Paco Santos cayera como de un sueño blanco hasta los campos de olivares de su tierra para envolverse con el aire y la luz de un blanco inmaculado que atraviesa las mañanas de Hornachos. Y él, sin saberlo, ni siquiera intuirlo, vivía su última época consagrando su tiempo a rememorar su lejana infancia entre aquellos vecinos del pueblo, en un mundo de calor y de verdad. Su candor, su humor siempre latente hicieron y conformaron un edén allí donde naciera. Y puede que ello también hiciera feliz a la mujer que mejor le comprendió y amó: su madre Amália...
                                          A María José Aguilar Venegas.

   

sábado, 12 de marzo de 2016

HORNACHOS EN LA MEMORIA

                              "Atardecer en Hornachos" Foto de Ana Villena.

   Los primeros bocados que probé en esa venerable tierra los elaboro ella;-en concreto eran unas deliciosas "ancas de rana".
  La arquitectura de sus espacios y calles me atrajo desde que puse pie en sus suelos; sus cuestas de sabor moruno. Luego llegarían los atardeceres incendiarios vividos desde la terracita del hotel "Negresco";-que así es como llamo al albergue "Castillo de Hornachos". También fueron épicos los diálogos de la pareja de profesoras de religión , mientras dejaban que el tibio sol acariciara sus "frontis", hombros y otros espacios de piel en la terracita del bar "Pepe";-reconvertida en solarium.

Terracita del hotel con encanto "Castillo de Hornachos". Foto de Ana Villena.
      Los retazos "semanasanteros" que pude vivir, fueron intensos; en unas procesiones que tenían el "coupage" de un buen vino: por un lado su castellanía y por el otro, la esencia andaluza. Diriase que resulto como un vino de los denominados de "alta expresión". Tampoco tenían desperdicio, los momentos bucólicos vividos junto al profesor Paco Lechon frente al fuego de una chimenea en su querida Puebla del Prior. El "profe" es un brujo, saboreador de la vida y entre vinos de "pitarra" se nos iba la noche.




Taberna de "Antonio Sanchez". Madrid
  •     Y ya que afloro la noche, diré que viví un par de "nochesviejas" allí. Una con sabor hindú, en casa de María José Aguilar y otra en la mansión acrisolada de hidalguía del arquitecto Blasco. Maribel ;-su compañera de entonces-, elaboro unos platos de cordero inolvidables; algo así como de terciopelo, sencillamente deliciosos. Daba gusto ver al arquitecto arrellanado en su vetusto sillón alternando risas e intermitentes miradas al fuego litúrgico de la preciosa chimenea en aquel salón modernista
  •     Conocí a Amalia; -personaje entrañable que me abrió su corazón y algunos azarosos pasajes de su vida. Allí, en su santuario particular, junto a la mesa camilla y braserito; entre fotografías de Morante de la Puebla, Curro Romero, El Beni de Cadiz o Porrinas de Badajoz entre otros. En una tarde de carnaval fue desgranandome su vida. Me hablo de Magdaleno; -el que fuera su gran amor-, de los abusos que sufriera por un señorito alcoholizado del barrio de San Bernardo en Sevilla, mientras ejercía de limpiadora y un poco de todo en casa de este.
  • -¡Fue un verdadero flechazo; hasta me fui con el a la aventura; bueno, le habían contratado para bailar en "Los Canasteros" de Madrid!-Los rizos aceituneros y ojos verdes de Magdaleno, bailaor flamenco de un tablao sevillano le habían noqueado.
  • -¡Abandone al "hijo de puta" que me había maltratado y me largue con Magdaleno; sabia que no seria fácil, pero aun así viví los días mas felices de mi vida!...-suspira Amalia mientras su mirada se difumina, como perdida entre nostalgias.

  •   Una leucemia aguda se llevo por delante a Magdaleno y Amalia supuso que de nuevo descendería a los infiernos. A punto estuvo de ejercer como "meretriz" en un piso de la calle Montera, pero un banderillero retirado le proporciono un trabajo de camarera en el mesón-taberna de Antonio Sanchez. En aquel local; bizarro y tan peculiar del viejo Madrid, trataría con cantaores, toreros, chamarileros y tratantes del cercano Rastro. Y precisamente, seria Roberto Garcia; -propietario de un negocio de antiguedades quien se enamoraría de ella. Vivieron varios años en la Ribera de Curtidores hasta que una racial gitana de apenas veinte años secuestraria el corazón de Roberto para que de nuevo Amalia acariciara el fracaso; una vez mas en su vida.
  •    Ahora ella vive en su apacible retiro extremeño, aunque las cadenas del recuerdo jamas le dejaran.

  •    Y tal como decía al principio, pude saborear muchas veces sus deliciosos platos; pero lo mejor fueron los agradables momentos de conversacion que mantuve. Porque a ella le encantaba conversar; sus ojos se iluminaban con la misma intensidad que tenían las obras de arte que ella elaboraba en los fragores de su cocina. Con ella se fue parte del espíritu de uno de los locales para mi mas entrañables: el famoso casino de Hornachos. La historia de este casino se resquebrajo para siempre, dejando una estela imborrable para los que vivimos y disfrutamos de sus gestos, su palabra, de un mirar con vehemente dulzura, de una presencia iluminada por la vida....

                                          
  •                                        Visi Villar; reina de los fogones de Hornachos.
  •                                     Giovanni R.Tortosa