Mostrando entradas con la etiqueta PEPÍN LIRIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PEPÍN LIRIA. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de agosto de 2020

EL PROFESOR PEPÍN LIRIA

 

 
  La enorme pasión taurina no se diluyó tras su retirada de los ruedos. Más bien pareciera incrementada, aunque ahora no vista de luces y ejerza como profesor en una escuela taurina. Como también lo hicieron Gregorio Sánchez, Andrés Vázquez o Joaquín Bernadó. Tal escuela, por supuesto en Murcia, tiene tres pilares donde ahora se sustenta: el mismo Liria, como director; el profesor José Mari Ortín y el empresario Ángel Bernal.

   La voz de Pepín se escucha rotunda, como un barroco arabesco  en el silencio de la tarde, en plena clase práctica. Un bonito escenario, como la placita de tientas de la familia Flores; unos alumnos escogidos para ello. Ahora, Liria luce una elocuente  barba de cierto aire mesiánico; los ojos parecieran mas rasgados y en su piel se aposentaron soles murcianos y sevillanos. Iker Ruiz es el alumno mas joven en esa clase práctica, con apenas once años. Iker, por su corta edad sólo ha podido ver al maestro Pepín en su reaparición, hace un par de años en Illescas. Allí, Liria, un torero proveniente de los años noventa del pasado siglo, daba un auténtico "baño" a toreros de la post-modernidad como son Juli y Manzanares respectivamente. Y cuando decimos esto, no nos referimos al corte de trofeos u otros resultados meramente estadísticos. Nos referimos a la actitud torera y profesional de alguien que lo ha ganado todo, que está de vuelta de casi todo y que se manifiesta como dice el tópico: "como un novillero hambriento, que quiere ser alguien en el planeta taurino".

   El maestro Liria ha dejado por momentos el burladero, y se sitúa a unos metros del alumno Iker, vocifera con tonos ardientes, le conmina  a seguir el trasteo ante una vaca colorada, en una faena de una decena de muletazos seguidos, sin tiempos muertos. Liria vibra y salta, emocionado, exultante, sudoroso, -con la misma pasión que siempre puso en sus actuaciones-, insta a su alumno a concluir con un pase de pecho. En el callejón de la placita, un taurino se lleva las manos a la cabeza al finalizar dicho pase de pecho, expresando así el momento mágico que acaba de presenciar. Pero el alumno desoye al maestro y en vez de dar por finalizado el trasteo, pretende rubricar aquello con un desplante. Lo intenta, pero la vaca protesta, sacando cierta aspereza y el aprendiz de torero tiene que desistir. El maestro increpa al alumno, aunque de forma cariñosa; tal vez porque en el fondo sabe que esas actitudes vienen avaladas por la casta, por las ganas de querer ser torero. Esa casta, que a él le ha marcado y diferenciado de otros.

   Esa misma casta, que en los noventa le hizo triunfar en Las Ventas, ante toros de Dolores Aguirre, o la increible tarde sevillana ante un "victorino", en un recital como de torero antiguo, heroico, proveniente de la época de Lagartijo y Frascuelo.  Liria recorría las plazas españolas ante las miradas corrosivas e intimidatorias de Miuras, "pablo romeros" o los cárdenos "albaserradas". Sólo en su tierra tenía el alivio de vérselas con alguna criatura salida de la saga "domecq".  Y el momento del gran clímax surgía en Pamplona, cuando las peñas volvían sus ojos al ruedo, dejando atrás el cava, calimocho, "Oh mama Inés" o "La chica ye-yé" para loar con sus vítores al torero de Cehegín. Sabían que Liria estaba emparentado con la verdad del toreo, que no sesteaba, y por ello la solanera "sanferminera" así lo valoraba.

   Si a través de una hipotética máquina del tiempo, (olvidemos los vídeos, YouTube y cosas parecidas), los alumnos de Liria o de cualquier otra escuela, pudiesen vivir lo que hicieron en los ruedos, toreros como Dámaso González, Ruiz Miguel, Galán, Miguel Márquez, Andrés Vázquez  o el propio Liria, probablemente entenderían que para estos profesionales, la tauromaquia era una cuestión de respeto sumo hacia el público que sufraga estos espectáculos, y que el toreo "especulativo" puesto de moda al final de los años ochenta, o el consabido "de cada diez toros sólo le sirve uno para triunfar" de ciertos toreros artistas, estarían de más.

   En la historia de la Murcia taurina: Juan Ruiz "Lagartija", Pedro Barrera, José Vera "Niño del Barrio", Cascales (padre e hijo), los Romero (padre e hijo), Pepín Jiménez, Rafaelillo, Ortega, Ureña, quizá y con el tiempo se puedan sumar algunos de los que hoy reciben el aliento y la sabiduría torera de quien ejerció esta profesión con la mayor honestidad, dignidad y lealtad: Pepín Liria.

Foto: Cristian. El maestro Liria junto a sus alumnos, Borja de Noé, Álvaro Ruiz, Iker Ruiz y José Miguel.
 

lunes, 25 de marzo de 2019

"SOÑADORES DE ESPAÑA"

Paseillo de los alumnos de la escuela de Tauromaquia murciana.

   En la matinal del domingo 24, tuvo lugar en el ruedo de la "Condomina" murciana, una nueva clase práctica de toreo. Habían más aspirantes que en anteriores sesiones. Estos jóvenes soñadores del toreo no les hicieron caso a las prepotentes voces que salen de vez en cuando de algún que otro político ibérico tachando la tauromaquia como algo "casposo". Uno de ellos, un ministro cuyo padre había sido novillero, también reivindicó la fiesta taurómaca como algo maloliente y casposo.
     Por ello, estos aspirantes a ejercer un oficio artístico donde se pone en juego la propia vida, podían dar lecciones de dignidad y honestidad a muchos de estos personajes, cuyo talento mas excelso es zaherir, vilipendiar y ofuscar el sentimiento de los que no piensan como ellos. Y en definitiva, es como tirar piedras a su propio tejado. Es querer convertir un país como España, asolerado y repleto de contrastes culturales, creador y forjador de la fiesta más internacional que es la Tauromaquia, en un lugar frío, aséptico como un quirófano, ajeno a las emociones, a las tradiciones milenarias; algo así como un país nórdico. 
 
Alejandro Fernández, uno de los veteranos alumnos.

    De momento y observando los movimientos que se dan en las escuelas de Tauromaquia, estos fatuos cantos funerarios de los detractores hacen que cada día lleguen más jóvenes interesados en la práctica del toreo. Ya sabemos que esto es enormemente  difícil y complicado, pero también es el mayor generador de ilusiones de estos amantes del arte, pero un arte donde el riesgo está presente y la magia de poder vencer al dios Tauro es un estímulo que gravita en ellos.

El profesor JoséMari Ortín consuela a una de las alumnas, que no pudo cuajar unos lances ante el becerro.

    Las escuelas taurinas no solamente procuran el conocimiento técnico de sus alumnos, inculcan unos valores donde la lealtad, disciplina, respeto y ayuda colectiva es base de una educación que rescata esencias humanas, hoy un tanto en desuso. 
 
José Mari Ortín, Ángel Bernal y Pepín Liria.

    En la escuela de Murcia se conjugan el carácter torero de Pepín Liria, su aquilatada trayectoria que tuviera como momento épico su triunfo en un lejano San Isidro frente a un toro de Dolores Aguirre; el potente oficio de José Mari Ortín, un hombre que deja todas sus energías  en beneficio del alumnado.Y Ángel Bernal,  empresario y propietario del más que centenario coso de la Condomina, presidiendo la escuela.
 
Nacho Ayala Tenza, en un espléndido natural.

    Liria dirigió la "mise en scene" con verdadero magisterio, secundado por José Mari Ortín, y en todo momento mimaron las potenciales  dotes de los aspirantes. Pero, cierto es que no por ello dejaron de ser críticos y afinaron a la hora de evaluar a los alumnos. 
 
Iker Ruiz, en una acción como lidiador, llevando al becerro a toriles.

   Los veteranos Angelín y José María Trigueros ejercieron como ayudas en la brega. Por cierto, Trigueros hará el paseíllo en el ya popular festival contra el cáncer, que cada primavera se celebra en Murcia.
   Nos sorprendió la buena tanda con ambas manos que Nacho Ayala dio al primer becerro; a pesar del poco tiempo que lleva como alumno, apenas tres meses. Las buenas maneras de David Pardo y Relente. Alejandro Fernández también pudo lucirse con capote y muleta; -a pesar de su gran estatura que le hace un flaco favor con el tamaño de los becerros. Los alevines tuvieron su primer contacto con los becerros, aunque sólo fuera un lance y siempre bajo la tutela de Liria.
    Iker Ruiz, con sólo diez años, se atrevió a llevar toreramente a uno de los becerros, desde el tercio de cuadrillas hasta la mismísima puerta de toriles. Cruzar uno de los ruedos españoles más grandes a base de porfiar muletazos fue un  detalle de alguien que puede tener casta de torero.
 
Iker Ruiz saludando después de su emotiva acción torera, junto al maestro Liria.

     La mañana murciana con excelente temperatura hizo que la vetusta plaza se congraciara con las energías y anhelos toreros de todos los que hicieron el paseíllo para posteriormente medirse a la fiereza de sus oponentes.
   
El maestro Liria junto al más joven de los aspirantes.
   Sin duda, fue una mañana para soñar con el futuro de la Tauromaquia.
                                          Texto y fotos de Giovanni R.Tortosa