martes, 26 de febrero de 2019

YORGOS XIMERAKIS "In Memoriam"

Yorgos Ximerakis junto a sus hijas, María y Artemix.

          Su generación fue la misma  que lo fue de Vangelis Papathanassiou, Demis Roussos y Loukas Sideras. Mientras éstos se afincaron en el París posterior al "mayo del 68", creando un grupo que sería mítico en aquella época: Aphrodite´s Child; Yorgos se subía a un carguero mercante para ganarse la vida, alejarse del gobierno militar que llegó al poder en 1967; y puede que para seguir la estela de todos los griegos, eternos viajeros del mundo.

    En una de esas arribadas a un puerto español, el destino le deparó conocer a Carmen, quien sería la mujer de su vida. Por ello, sacrificó sus buenas ganancias como marino, también dejaría aquellos viajes que inundaron sus pupilas de color tabaco con las bellezas de paisajes exóticos. 

   Como hombre de mundo, sus horizontes no se cerraban a pesar de los contratiempos de la vida. Su casamiento con Carmen trajo consigo una nueva vida con trabajos diversos y la llegada de Yannis y Artemis, sus hijos nacidos en Murcia. Tras unos años en España, y después de no ver cumplidos sus anhelos profesionales y de ofrendar un mejor futuro para su familia, tomó la decisión de retornar a su tierra. Era la vuelta que todo griego en el exilio espera  que alguna vez ocurra.
Carmen Tortosa

   Y fue la mejor decisión; sería Iráklion, en pleno corazón de la isla de Creta, Yorgos montaría un restaurante, y de esa manera se reafirmaría como lo que él siempre fue, cocinero. Como buen gourmet, la cocina iba dentro de su espíritu y supo congraciar a todo aquél cliente, como aquellos campesinos cretenses que al amanecer de cada jornada tomaban los suculentos platos que Yorgos preparaba a modo de desayunos. Pero si en esos más de veinte años al mando de la hostelería, las comidas caseras del "chef" Ximerakis eran las delicias de sus comensales, -también aquel local situado a escasa distancia del templo de Knossos,- se convertiría en una especie de embajada española para muchos turistas hispanos que transitaban por la isla. Carmen y Yorgos eran los ansiados anfitriones para muchos de aquellos turistas o bien residentes de habla hispana en la isla.
Stellos, hermano de Yorgos, adecentando la entrada al local.

      Su amistad no quedaba en el mero trato comercial, sino que iba más allá, y la casa de ambos se abría para todos ellos. Fue todo un festival de la fraternidad, que duró hasta que Yorgos se jubiló y con ello aquél restaurante también echaba su propio telón.
     La actividad del chef retirado nunca cesó; él que siempre fue un amante de la naturaleza se transformó en un granjero familiar, y su vida cotidiana  siguió siendo tan rica como de costumbre.

    Recuerdo con la vehemencia que da el tiempo, una tarde de toros en España. Era la primera vez, que Yorgos visionaba un festejo taurino. Yo, me predispuse a explicarle el ritual taurino, pero él me cortó en seco para decirme: "en mi pueblo ya toreaban hace tres mil años". Indudablemente, se refería a la época minóica y los primeros espectáculos que se hicieron con toros. Su sabiduría, siempre agazapada, como escondida por la sobriedad y sencillez, me fascinó siempre. Era como un filósofo heredero de aquellos otros de la vieja escuela de Atenas.

   En su última visita a España, dimos un paseo por los alrededores de Bari. A cada paso, iba explicándome cosas acerca de las plantas silvestres que salían a nuestro paso, sus poderes medicinales,  recursos, etc. A mitad de camino se detuvo ante un muro de piedra, que había sido elaborado por un viejo campesino. Observé cómo su mirada se transformaba, embelesado ante aquellas piedras, por su perfecta disposición. ¡Un griego, que había vivido entre la colina de la Acrópolis, el "Partenón", o el templo de "Atenea Victoriosa" caía rendido de admiración ante aquel sencillo muro en el campo!
   De tez morena, ojos oscuros, casi negros, nariz prominente y labios enjutos; cabellos negros, un prototipo que bien recordaría un personaje de Nikos Kazantzakis -esta sería la imagen de Yorgos que siempre tuve de él. Y por supuesto, y como buen cretense, él también lucía bigote, ese pintoresco mostacho que muchos hombres de la isla llevan como señal de luto, en recuerdo de los cretenses muertos en la última contienda con los turcos.
     Al escuchar el sonido de un buzuki, tomar un vasito de "ouzo", comer una "taramosalata", incluso tener sentimientos de un isleño griego: la madre que se pregunta si sus hijos volverán alguna vez de tierras extrañas, los días maravillosos en que se puede dejar la pesca y vestirse de limpio para las fiestas de la Virgen. Escuchar como una melodía del viento las músicas de Manos Hadjidakis... Todo ello, será bien poco para recordar el espíritu de Yorgos; un hombre que creó un mundo de calor en torno a su familia y aunque el sol cambiara de lugar la luminosidad de su mirada seguía siendo como un faro en la mar.
   Abandonó Ambelouso, su pueblo, para embarcarse rumbo a mil destinos y regresó al mismo lugar, pero esta vez con pasaporte a la eternidad... 
              Aphrodite´s Child-Spring summer.

jueves, 14 de febrero de 2019

PREMIOS FONDAZIONE "CONSTANZA"-MADRID 2019

Alessandro Costanza junto a Fulvia Guccini y Silvia Miccoli.

     Bautista quería echar un vistazo a los preparativos de la gran fiesta. Nada podía quedar a la improvisación; por ello aterrizamos en el taurino "Wellington", media hora antes a la comparecencia de los invitados. Mi primera impresión fue Alessandro Costanza; me pareció todo un lord inglés, con su impecable esmoquin, y con un ligero toque "Warholiano". Anduvo preparando la "misse en scene", clasificando los trofeos. Se notaba su afán de perfeccionismo, de que todo estuviera en orden y bien presentado. Tras de él, una bella joven italiana le secundaba en los preparativos, su pareja.

Lady Gacelyns, posando junto a Juan Bautista.
   También andaba en los preparativos, Javier Rodríguez, que es el embajador de la fondazione en España. Mientras tanto, Lady Gacelyns presidió una pequeña sesión fotográfica con su innata elegancia y refinamiento. Argentina ella, y uno que es venerador de esa tierra, platicamos acerca de Buenos Aires y ella advirtió el pequeño guiño que yo hacía esa noche, al vestir con prendas que hacían recordar el mundo del tango: sombrero, foulard, y otros pequeños detalles. El popular barrio de la Boca, junto a los anticuarios de San Telmo protagonizaron la distendida conversación que culminó con mi confesión: "soy un irredento coleccionista de tangos"...
 
Maryory Stefani Petrucci, vicepresidenta de la Fondazione junto a su marido, el presidente Alessandro Constanza.

   La pintora Agnes Parcesepe fue una de las primeras galardonadas en llegar. Vislumbramos un hermoso libro que recogía su trayectoria pictórica. Agnes vino desde Australia para recoger su premio. ¡Ya tiene mérito la cosa!...
 
Los Garcia-Montes, (hijo y padre) junto a Lady Gacelyns.

  Bautista, entre foto y foto, no perdía ojo acerca de los preliminares. Un salón adyacente fue el escenario del cóctel que se ofrecía a los invitados. El impecable servicio de camareros no cesaron de sugerirnos "delicatesen" que unanimente degustamos. Tanto Bautista como Lady Gacelyns confiaron sus elegantes bolsos a uno y de esa guisa inicié una mas que agradable conversación acerca de vampiros, la productora "Hammer", y el cine de terror con Marcos Garcia Montes hijo.  
 
La diseñadora alicantina Zoraida Cases, junto al estilista Pedro Cuadrado, José Félix Nevado y Gabriel Estrada.

   Minutos después, pasamos al gran salón donde se iba a desarrollar la cena. El popular "padre Ángel" lucía la blancura de nieve en su sonrisa y cabellos al recibir el galardón de la fondazione. Y poco más le vimos, ya que desapareció del evento, sin apenas enterarnos. Aquello prosiguió, en una cadena de premiados, mientras por una gran pantalla se proyectaban sus obras. La "Crema de trigueros con tartar de ahumados y huevas de trucha" hubo de esperar pacientemente sobre los almidonados manteles del Wellington.
 
Javier Rodríguez, embajador español de Fondazione Constanza.

  El más famoso de los letrados, es decir Marcos Garcia Montes (padre) dedicó un preciso y emotivo discurso a la concurrencia, y que nos hizo reflexionar. Por cierto, el popular abogado vestía un terno con ciertas ínfulas toreras; una chaquetilla ajustada, en tono "sangre de toro y azabache". Se transpiraba su españolidad, reverenciada de andalucismo y la sensibilidad afilada en quien fuera uno de los protagonistas del ya célebre juicio sobre el crimen de los Urquijo; -allá por los años ochenta.
 
Fulvia exibiendo su premio.

   La estupenda y atractiva cantante italiana Silvia Miccoli, en un arrebato y puede que a sugerencia del duque de Costanza, nos disparó las endorfinas al escuchar los tonos oscuros y potentes de su voz. ¡Y la cosa tuvo mérito, a capela y sin ensayos previos! Y su amiga, la pintora Fulvia se erigió como la "sultana" de la fiesta, aromando la atmósfera con una deliciosa sensualidad de exótica bailarina y el enigma de su mirada, que iba desparramándose en el ambiente.
Reme Espantoso, diseñadora gallega; y la también diseñadora Zoraida Cases.
    Entre plato y plato, pude deleitarme con las fotografías de Ángeles González, que están muy cercanas a la pintura. A veces, el destino es así de gracioso y me hizo compartir mesa con un par de extremeños, que son: Pedro Cuadrado, estilista peluquero y el abogado José Félix Nevado. Nada mas saber que eran cacereños, les manifesté mi amor por ese paraíso un tanto ignoto para muchos, que es el territorio extremeño y sus gentes, una curiosa mezcla entre castellanos y andaluces; y al que es complicado acceder.
 
Juanjo Muñoz, fotógrafo con mirada de pintor, junto a Juan Bautista.

   La luminosidad de la piel de Zoraida Cases atrajo a todos los que compartímos esa mesa, especialmente al estilista cacereño que hizo algunos apuntes sobre su peinado. Zoraida vestía enteramente de negro, y esa sobriedad oscura contrastaba con los matices diáfanos y lumínicos de su piel. Como remate, sus zapatos eran de una gran "fineza".
 
Bautista Fernández, todo un "maestro de ceremonias" entre los premiados.


  Al otro lado del salón, Juan Bautista; -que apenas tuvo tiempo para cenar- emplazaba al amigo fotógrafo Juanjo Muñoz para seguir inmortalizando a todos cuantos asistimos a la gran velada. Bautista, en su condición de presidente de "Arte por la Vida" y como "maestro de ceremonias", realmente no paró en toda la noche. Su rostro de ángel vampírico; -como escapado de una pintura de Caravaggio- subyugó a cuantos tomaron contacto con él y posaron en el fotocolt. Desde la directora de la "Fashion Week", pasando por el periodista Alfonso Merlos, el pintor italiano Ferdinando Todisco o el interiorista Andrés Alsina, nacido en Uruguay pero residente en París. Ausencias notorias fueron, Montse Caballé, Luis Merlo o el Barón de Rothchild.
 
El pintor italiano Ferdinando Todisco.

  El tiempo voló en la calidez de un encuentro internacional, en los salones con tintes versallescos del único hotel que tiene una terraza convertida en huerto de hortalizas y verduras, y cuyos dueños poseen una de las ganaderías más encastadas: Herederos de Baltasar Ibán Valdés.
 
El decorador-interiorista Andrés Alsina.

   La lengua italiana y española fueron protagonistas en los alegatos de algunos premiados, y asistimos a una fiesta donde el arte universal fue premisa como un canto de paz y concordia, humanismo y generosidad,gracias a la convocatoria de Fondazione Constanza, que promueve estas esencias en España, Italia, Japón o Estados Unidos.
Aquí estoy, junto a los Garcia-Montes, en una foto del buen amigo Juanjo Muñoz.

   Como el evento, en nada tenía que ver con un ceremonial de bodas al uso, por tanto lo de la "barra libre" no existía y después de haber posado para la posteridad, los invitados fueron abandonando la sala de manera discreta y paulatina. Y mientras mi amigo Bautista quemaba los últimos momentos de una noche mágica; -al modo de una "mascletá valenciana"- posando entre las encopetadas damas por las palaciegas escaleras del Wellington, yo aproveché para vivir un momento de espiritualidad máxima, sentado en el hall del hotel, debajo de un óleo de temática taurina del pintor segoviano Lope Tablada.   
                        
El periodista Alfonso Merlos.
                       

 Evoqué algunos momentos cuando uno ejercía como marchante de arte y quedaba citado en aquellos salones para tratar de alguna que otra operación. Que si un lienzo de Guardi, que unos nobles venecianos quieren vender, pero su sobre-precio no es factible, está por encima de mercado; que si un Goya con certificado de Morales y Marín, el mayor experto español en Goyas, pero Manuela Mena, la conservadora del Prado en departamento ídem, opina lo contrario, por lo tanto nadie sabe quien pintó aquello. Un Picasso, ratificado y bendecido por Maya Picasso (hija del genio), pero ahora, retirada ella, el nieto del genio considera dudoso lo dicho por la anterior. Y así, tantos y tantos. ¡En realidad, ninguno de ellos fueron testigos de la creación de aquellas obras! ¡Menos mal que pasados unos años, mi salud psíquica no se resintió!...El arte tiene estas cosas, bueno, más bien la trastienda del arte, y que pocos conocen. El color del dinero lo nubla todo. Lo de la Fondazione fue otra cosa; gracias a ellos por existir...

           Texto y fotos de Giovanni R.Tortosa


   

 

jueves, 20 de diciembre de 2018

PACO SANTOS GUMERSINDO

 
Paco Santos Gumersindo Aguilar Venegas.

  Hoy no toca hablar del catedrático Antonio Piñero, ni del historiador judío Mario Saban, ni de los exquisitos arpegios salidos del violín de Fanny Rome en cualquier escenario del planeta; hoy dedico este espacio acerca de mis amigos artistas a un hombre que no tuvo reconocimientos por su humilde quehacer artístico. Paco sería un hombre más, un ciudadano cuyo rastro se evapora en la atmósfera de una gran ciudad como podría ser Madrid. 
   Su imagen, siempre evocó en mí algunas peculiaridades del mundo cretense; -Paco ostentaba un bigote potente, un mostacho al estilo de los hombres de Creta. Un bigote que para estos griegos significaba el símbolo de luto por aquellos que perdieron su vida en el último enfrentamiento que estos tuvieron con los turcos. Pero él había nacido en un pequeño y encantador pueblo extremeño: Hornachos, allí transcurrió su infancia para después emprender el exilio obligado de la gran parte del mundo extremeño. 
   No soy quien para dilucidar si Paco fue feliz en Madrid, pero cierto es que sus raíces pacenses siempre navegaron en su corazón. Un trabajador que sacaba tiempo del tiempo para dedicarlo a la artesania. Puede que su acercamiento al arte, a un arte peculiar que consistía en dar vida a la madera, para crear pequeñas aves, pajaritos a los que sólo les faltaba volar. Eran verdaderos prodigios, pequeños retazos de sueño que quizás tranquilizaban su espíritu creativo.
     Sus rasgos no mentían, eran acendrados, diría que potentes a primera vista, aunque después se tornasen mas suaves, como la mirada casi líquida, delicuescente, entre matices grises y azules de atardecer. Detrás de su mirada se intuía a un soñador, y porqué no? un mucho de melancolía que salpicaba todo su rostro. Creo que Paco era un solitario, puede que incomprendido, un hombre marginal; pero eso lo son todos aquellos que juegan a construir un mundo mas noble y positivo, los que sublimizan su entorno, el paisaje natural así como el humano para transformarlo en arte.
     Su personalidad siempre me regaló paz y sosiego. Lo mismo que sus minúsculas obras, miniaturas ensartadas de anhelos que su creador hacía patentes de manera tan sutil, tan delicada. Porque Paco era persona de no hacer ruidos, de pasar de puntillas, de ser un hombre con la reciedumbre del mundo antiguo, sin subterfugios, donde habitan el blanco y negro, los contrastes definidos, donde no hay lugar para las ambiguedades. Siento su marcha como algo que volatiliza mis esquemas, y también porque un singular eslabón de mi amada tierra extremeña se rompe, y cuando se quiere con pasión de irredento enamorado ese espacio sagrado, los reveses se tornan imposibles de digerir. 
      Los sortilegios y el devenir de la propia vida hizo que Paco Santos cayera como de un sueño blanco hasta los campos de olivares de su tierra para envolverse con el aire y la luz de un blanco inmaculado que atraviesa las mañanas de Hornachos. Y él, sin saberlo, ni siquiera intuirlo, vivía su última época consagrando su tiempo a rememorar su lejana infancia entre aquellos vecinos del pueblo, en un mundo de calor y de verdad. Su candor, su humor siempre latente hicieron y conformaron un edén allí donde naciera. Y puede que ello también hiciera feliz a la mujer que mejor le comprendió y amó: su madre Amália...
                                          A María José Aguilar Venegas.

   

martes, 27 de marzo de 2018

PIÑERO SALVA LOS MUEBLES EN UN COLOQUIO DESCAFEINADO



   Era en la 2. El programa "Millennium" apostaba por un tema siempre controvertido y polémico como es debatir acerca del "Jesús histórico o Celestial". Ramón Colom, su director y presentador puso todo cuanto pudo en los prolegómenos, intentó potenciar el contenido de este. Roger Armengol, psiquiatra y escritor tuvo un comienzo fulgurante. Luego fue diluyéndose según transcurría el coloquio. Tenía puestas ciertas esperanzas en sus comentarios. No hace mucho había leído un libro suyo donde manifestaba un notable desencanto por el cristianismo. Consideraba que el arte era mucho más terapéutico que cualquier religión. Cierto es, que tuvo algún que otro golpe brillante durante el coloquio. 
   Pero donde el espacio televisivo hizo aguas o perdió interés fue con la participación de dos teólogos, a saber: Gabino Uribarri, jesuita y Marifé Ramos, doctora en teología. Ninguno de los dos aportaron nada que tuviese gran relieve. Sus predicas tuvieron el argumento de siempre: insistir en las excelencias de la fe cristiana, y nada más. Para eso, uno puede ir a la iglesia más cercana y escuchar el sermón de turno. No tienes porqué esperar horarios extraños para ver y escuchar semejante discurso.  Me hicieron recordar a los críticos de arte, cuando intentan explicar las obras de Antoni Tàpies. Menos mal que allí estaba el profesor Antonio Piñero, que puso orden en el deshilvanado discurso colectivo y sobre todo dejó en evidencia al resto; y no por nada, sólo porque en esas cuestiones el catedrático e historiador aquilata un bagaje de conocimientos que no está al alcance de cualquiera. Y porque era el único profesional del tema. También esto viene a demostrar que la investigación académica sobre la historicidad de Jesús está a años luz de la pasividad tradicional de la Iglesia.



 Me acordé de Llogari Puyol y Mario Saban. No solamente por sus enfoques, también hubiesen dado más realce televisivo. Al final del coloquio el maestro Piñero acabó con una certera estocada, cuando dibujó a Jesús como uno de los más grandes profetas, un hombre potente y sabio pero incompatible en el siglo XXI.

domingo, 28 de enero de 2018

FANNY ROME, MUJER DE INMENSO TALENTO


                              Fanny Rome, interpretando "Ce Georges" junto a Salvatore Adamo.

Es una instrumentista de nivel internacional; pero quizá su interés no esté en el grado de proyección de su música. La primera vez que asistí a un concierto donde Fanny Rome actuaba; -no le conocía anteriormente-, fue sorprendiéndome a medida que el concierto iba transcurriendo. En los primeros temas, aparecía junto a un violín, que tocaba magistralmente. Después lo dejó sobre su estuche y tomó un trombón de varas, el cuál lo fue manejando con potencia y entusiasmo. A mediados del concierto, se colocó al junto a un violonchelo que estaba a la espera de que sus manos  trazaran deliciosos arpegios.

  
Fanny, acompañando con su violín.

 Pero, las sorpresas no acabaron ahí. Entonces Salvatore, su jefe, le invitó hasta el centro del escenario, y allí Fanny, micrófono en mano compartió al unísono junto a él, una canción de tintes irónicos y desenfadados sobre el actor George Clounny, cuyo título es: "Ce Georges".


   Entonces Fanny, saca sus dotes escénicas y la calidez de una voz que hace recordar las grandes voces que transitaron por escenarios de Montmartre, cantando a las esencias amorosas que puedan darse en París.

                    Fanny en plena actuación. Tras de ella, Salvatore Adamo.

   Desde aquí, quiero reivindicar su figura; a la vez que tantos otros instrumentistas, que sin ellos ningún intérprete recogería éxitos. Ellos son la base de cualquiera de las llamadas figuras de la música, aunque los públicos no siempre valoren y aprecien su técnica y arte. 


Pareciera que los focos de la fantasía sólo se colocaran sobre los gurús del espectáculo, y quienes consolidan ese espectáculo quedan relegados a un papel meramente gris y eternamente secundario.

                                     Giovanni R.Tortosa

Fotografías de Bernard Vanroye.



miércoles, 8 de noviembre de 2017

"AMANECER EN TEL AVIV"



  Juan Bautista de la Vera Cruz yace boca abajo, junto al límite del lateral izquierdo de la enorme cama. Su cuerpo, enteramente desnudo, pareciera estar lacerado; tanto las espaldas como los glúteos están salpicados por rosetones cubiertos de cera derretida, adherida a la piel. Los estores color amarillo de Nápoles que tamizan la luz de las ventanas, se van tornando azafranados por los efectos luminosos de un intenso amanecer, en el milenario puerto de Jaffa; -un enclave con identidad propia en el Antiguo Testamento.
    El escultor y modelo de pasarelas duerme profundamente, mientras sus acompañantes de cama andan enzarzadas en tenues caricias; -que aunque lentas y un tanto fatigosas, no cesan. La cabeza de Marie Madeleine se apoya en el pecho de Alexandra, que tiene el rostro aún hinchado por los efectos del sueño. Los cabellos, en tonos de oro viejo caen hasta tocar con sus puntas la gran estrella de David; -que a modo de tatuaje ilustra su hombro y parte del antebrazo izquierdo.
    En el rictus de la joven francesa afloran signos de indudable placidez, cuando una de las manos de su amiga, camina por el ombligo y los inicios fronterizos del espeso monte de Venus, donde todavía subyacen las notas florales y aromáticas de Nina Ricci......

                                                                         Giovanni R.Tortosa